Tocaron a mi puerta

El seguirlo a Jesús me dio la felicidad que siempre esperé, 

que siempre buscó mi corazón


Tocaron a mi puerta. Y sentí ganas de abrir. Al principio no sabía de que se trataba... pero un calor dentro mío junto con una paz infinita me decía que ya era hora de abrir mi corazón a esa persona la cual estaba esperando ser atendida. ¡Y dije si! mucho no entendí ni todavía entiendo, pero ahí estabas mi Señor. Esperando que mi alma respondiera a tu llamado. Y me diste la gracia de responderte y entregarme para emprender juntos este camino al cual hoy me convocas.

Desde ese momento fue reconocer que caminaba ante Aquel que reconozco del Todo.

De eso se trata cuando Jesús toca a la puerta de cada uno, abrir nuestro corazón hacia El totalmente dispuestos a entregarnos por completo. Hay mucho de renuncia en esta entrega y cuesta sangre muchas veces. Pero este camino ¡VALE la PENA! El seguirlo a Jesús me dio la felicidad que siempre esperé, que siempre buscó mi corazón. Y no importa lo que tenga que dejar o renunciar, el amor de EL está por delante de todo. Y se que El siempre está de mi mano aún sabiendo que vendrán tiempos de prueba, de soledad en mi oración. Con su amor todo tiene un sentido, un mirar diferente que me hará seguir adelante sin mirar hacia atrás.


Quiero seguirte
Tú... ¿Qué le respondes a Jesús?
 
Señor, mis pies son rápidos
y siempre huyen de ti.
Van buscando bienes que, a la postre,
no me hacen feliz.
Por cada capricho satisfecho me
surgen otros seis
a los que no puedo responder.
Soy, Señor como el apóstol Pedro.
Me gustaría seguirte. Quiero seguirte...

Se me llena la boca de promesas.
Exagero cuando oro y cuando canto.
Pero, ¿a dónde voy, Señor?
Creo dirigirme a una meta,
Pero no es la tuya.

No es la meta de tu historia conmigo,
porque ésta debería ser una historia de amor...
Señor, sí, mis pies son rápidos.
Pero tú búscame,
p éscame con las redes de tu amor.

Sé un pescador que no se echa atrás
por mi resistencia.
No permitas que me caiga.
Tómame con tus manos fuertes
Y mantenme firme... Señor...
Quiero seguirte...

¡TE SEGUIRE!

Tú...
¿Qué le respondes a Jesús?




Heme aquí Señor
¡Tú también puedes entregarte a Dios!
 
Señor, me has traído hasta aquí.
Tú sabes por qué.
Quiero, deseo que se haga en mí tu voluntad.
Quiero hacer mi entrega
como lo hizo tu madre y también mía.
No estoy aquí por mi voluntad.
Tú me llamaste desde el primer día
y aún antes de mi nacimiento.

Padre, me abandono en tus brazos.
Haz de mí lo que Tú quieras.
Ha llegado el momento definitivo
del salto definitivo al vacío.
Ya no tengo por qué preocuparme
sólo quiero seguir tus pasos,
aceptar lo que vas regalando
dándote gracias por tu fidelidad.

Pero, en este peregrinar,
me asalta muchas veces
la tentación de ir y venir,
de rechazar un lugar donde echar raíces;
el miedo a comprometerme,
al lanzarme en el vacío,
a abandonarme en tus brazos.

Soy sincero cuando digo que quiero seguirte,
que quiero cumplir,
realizar la parte que me pides.
Si no la realizo, se quedará sin hacer
y eso sería terrible.
No porque sea importante
y lo que haga sea extraordinario,
sino que por pequeño que sea
es la parte que me pides.




Toda vida es vocación
¡Dios te está llamando: Respóndele!
 
Toda vida es vocación.
Es vocación el mundo que Dios creó de la nada
Es vocación el aliento vital que Dios sopló en
Adán y Eva, estatuas uniformes, casi infinitas.

Es vocación el llamado de Abraham,
Padre de la fe.

Es vocación la misión de los profetas,
mensajeros de Dios.

Es vocación la misión liberadora de Moisés.

Dios dio una vocación especial al pueblo hebreo;

Juan Bautista preparó la venida
del Siervo de Yahvé.
Jesucristo con su venida,
salvó a los hombres de todos los tiempos,
devolviéndoles la alegría de
llamar a Dios con el nombre de Padre.

Vocación es la de María, virgen y madre;

vocación la de José, hombre justo;

vocación la de los apóstoles,
pescadores de hombres.

Hay la vocación de la Iglesia a la santidad.
Hay la vocación de la familia cristiana.

Un niño, un anciano, un muchacho, una chica
una mujer, un hombre, el Papa, un obispo,
un sacerdote, una religiosa, un misionero,
un papá, una mamá, un adolescente,
un catequista, una persona cualquiera;

Cada uno recibe un llamado personal de Dios...

¡Dios te está llamando: Respóndele!




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