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La vocación de Abraham: la fe

La vocación de Abraham: la fe
Vocacion de Abraham:  La FE









La vocación de Abraham es la respuesta concreta de Dios a los ‘gemido’ de una humanidad oprimida por el peso de su misma arrogancia.

“El Señor dijo a Abraham: Vete de tu tierra, de la casa de tu padre, hacia la tierra que yo te indicaré. Y haré de ti un gran pueblo” (Gn 12,1). Esta palabra lanza a Abraham en un camino de fe, cuyo sentido sobrepasa su existencia. Como dice Hb 11,8: “Por la fe Abraham, llamado por Dios, obedeció partiendo hacia un lugar que debía recibir en heredad, y partió sin saber adonde iba”. Pero Abraham sabía que podía contar totalmente con Dios, que se le había manifestado como su protector: “No temas, Abraham, yo soy tu escudo” (15,1).

Dios asigna a Abraham la misión de ser un mediador y transmisor de bendición: “Te bendeciré y serás una bendición y en ti serán benditas todas las familias de la tierra” (12,2-3).

Así como por la desobediencia de Adán la maldición gravitó sobre toda la humanidad, así por la obediencia de Abraham la bendición de Dios, a través de Isaac y Jacob, pasará a Israel y en Cristo, el heredero de la promesa, será comunicada a la humanidad entera. Ser una bendición: esta es la vocación-misión de Abraham.

Dios pide a Abraham una ruptura radical con todas las ataduras naturales, y la partida inmediata de su tierra. Expresa una doble exigencia: ruptura con su pasado pagano y emigración hacia una región escogida por Dios y desconocida para él. Se subraya la pronta respuesta de Abraham: “Entonces Abraham partió, como le había ordenado el Señor” (12,4).

Para un oriental semejante ruptura con el pasado era tan dolorosa como la muerte. Tenía que dejar su tierra, su país natal y la casa de su padre.

El contraste entre el presente cierto que debe abandonar y un futuro hipotético es claro y fuerte.

La promesa de la descendencia choca contra lo razonable. Abraham tiene 75 años y Sara es estéril. Es creyendo contra toda esperanza que Abraham llega a ser padre de muchos. Su fe no vaciló ni siquiera cuando, tras el nacimiento de su hijo Isaac, Dios le pidió ofrecer en sacrificio al hijo de la promesa, a quien tanto amaba. En su camino de fe, Abraham es sostenido por la promesa y por la fidelidad de Dios a su palabra.

La realización de la nueva personalidad de Abraham pasa por la vía del sacrificio de algunos valores terrenos (razón, país nativo, casa paterna) y comporta la adhesión plena a las promesas de Dios. Pero al sustraer a Abraham de un destino seguro, Dios lo lanza hacia otro muy superior: “Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré grande tu nombre, y serás una bendición” (12,2).

Con el nacimiento de Isaac, Abraham adquiere la certeza de que todas las palabras del Señor, aunque se refieren al futuro, tendrán pleno cumplimiento.




Artículo: Luis Corral

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